Ruta de Don Quijote

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Castilla-La Mancha es la tierra de Don Quijote y Sancho Panza. Tierra de campos y pueblos, de vino y de queso, de gentes de costumbres y tradiciones que se mezclan con leyendas inmemoriales.

La Mancha es el lugar donde transcurren las aventuras de la obra cumbre de la literatura española. El ingenioso hidalgo y su fiel escudero vivieron la mayoría de sus andanzas por estas tierras, que el Consejo Europeo ha querido reconocer con el nombre de Ruta del Quijote y otorgarle el galardón de Itinerario Cultural Europeo.

La ruta de Don Quijote está formada por 2.500 kilómetros que recorren los principales espacios naturales y culturales de Castilla-La Mancha. Compuesta por una red de caminos históricos, cañadas reales, vías pecuarias, riberas fluviales o plataformas ferroviales está dividida en 10 tramos que atraviesan 148 municipios de las cinco provincias castellano-manchegas, en los que se destacan 2.000 elementos de interés cultural y una veintena de zonas de atractivo natural.

 

10 itinerarios de la Ruta de Don Quijote

  • De Toledo a San Clemente por El Toboso y Belmonte
  • De San Clemente a Villanueva de los Infantes a través de las Lagunas de Ruidera
  • De Villanueva de los Infantes a Almagro y Calatrava la Nueva.
  • Del Valle de Alcudia al Campo de Calatrava a través de las Lagunas de Ruidera
  • Desde Albacete a Alcaraz y Bienservida
  • De La Roda a Los Campos de Montiel
  • Del Campo de Criptana a Tomelloso.
  • De Almagro a Toledo por Ciudad Real y Consuegra
  • De Esquivias a Illescas y Carranque
  • De La Hoz del Río Dulce a Sigüenza y Atienza

La ruta de Don Quijote comienza en Toledo, ciudad imperial, y finaliza tras diez jornadas en la Hoz del Río Dulce con dirección hacia Sigüenza y Atienza. Recorrer los campos manchegos sin sentir el espíritu de Don Quijote es casi imposible. ¿Cómo no recordar la batalla contra los gigantes cuando se visita Campo de Criptana? Sus diez molinos flanquean el cerro y aún se pueden visitar. Tres de ellos (Burleta, Infanto y Sardinero) conservan los mecanismos originales.

Otro ejemplo de lugar que te traslada a la época de Don Quijote es Tembleque, con su plaza cuadrada rodeada de columnas de granito y su estructura de madera. Y cómo no hablar de El Toboso, lugar de residencia de Dulcinea donde se pueden visitar la casa donde vivió la mujer que inspiró el personaje cervantino.

Argamasilla de Alba el pueblo del que no quiso acordarse (por el recuerdo amargo de haber estado preso), la plaza mayor de Almagro o las bodegas de Valdepeñas son ejemplos de estampas manchegas en las que situó Cervantes las hazañas de sus personajes.

Pero recorrer la ruta de Don Quijote es conocer la cultura y las costumbres ancestrales. El cántico de los mayos cuando llega la primavera o las romerías en el campo son algunos ejemplos. El teatro del siglo de Oro aún se puede contemplar en el Corral de Comedias de Almagro y todavía se pueden comprar productos artesanos que se siguen elaborando como se hacía en los tiempos de Cervantes, como el paño manchego que se confecciona en Albacete, la alfarería o la cuchillería.

Tradiciones como la vendimia y el proceso de transformación de uva en vino, la recolección del azafrán, la elaboración del aceite o del queso son aún actividades que se siguen realizando con pocas variaciones de cómo se realizaban en siglo XVII.

Por otro lado, disfrutar de la gastronomía manchega es sinónimo de sencillez y de mucho sabor. Materias primas contundentes conforman platos con nombres tan literarios como atascaburras, duelos y quebrantos, migas, pisto, tiznao, borrachuelos… Una cocina que poco ha cambiado desde el Siglo de Oro y que guarda en su elaboración el carácter robusto a la vez hospitalario de sus gentes.

El espíritu de Don Quijote está presente en cada uno de los recorridos en los que el viajero puede descubrir los mismos paisajes que salieron de la pluma de Cervantes, bellos entornos naturales y patrimoniales, rica gastronomía, variada fauna y flora y pueblos dispuestos a mostrar sus encantos a los curiosos viajeros.

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