Historia de las barricas de vino

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Historia de las barricas de vino

El vino es un ser vivo. Un líquido repleto de fermentos naturales que evoluciona con el paso del tiempo y que se transforma de zumo a vino. Como todo ser vivo, el vino necesita respirar, en su caso transpirar, por ello desde la antigüedad una de las maneras de almacenar y transportar el vino era en barricas de madera.

Las barricas de madera de roble las empezaron a utilizar los romanos. Durante su conquista en las Galias, descubrieron que había grandes extensiones de bosques de robles en aquellos terrenos que eran pobres para el cultivo. Decidieron utilizar este material natural para construir recipientes contenedores de vino y poder transportar las abundantes cosechas de uva hacia la capital del imperio.

Las barricas romanas sustituyeron a las ánforas y las tinajas que se utilizaban hasta ese momento pues era menos delicado de transportar. La ventaja de la madera era muy destacable pues por la forma que se le daba al recipiente era fácil de manejar, muy resistente, permeable para que el vino pudiera transpirar y permitía almacenar mucha cantidad en las bodegas de los barcas.

En el proceso de elaboración del vino muchos han sido los pasos que han ido evolucionando y aprovechándose de las nuevas tecnologías para simplificar y mejorar la calidad del vino. Sin embargo, algo que no ha cambiado es el uso de las barricas de madera para la crianza del vino.

Aunque existen barricas de diferentes tipos de maderas, la madera de roble es la más utilizada porque es un material duro, muy adecuado para que sea permeable y no deje escapar el vino. Las barricas de roble aportan aromas y sabores suaves al vino, a la vez que matices avainillados.